Paul Rodríguez: poesía para amar, soñar y jamás olvidar

Paul Rodríguez, autor de “Arroz con leche para primavera. Entre filosofías, amores y otros dulces”.

Arroz con leche para primavera. Entre filosofías, amores y otros dulces (2016), es la ópera prima del escritor Paul Rodríguez (Chiclayo, 1988).

Curiosamente, este  libro de ciento cuatro páginas y treintaiséis poemas ha llegado a mis manos, por fina gentileza de su autor, un día de septiembre en vísperas de una primavera que se empecina en ser nublada, de limeñísima garúa. Pienso en Cayaltí, mi tierra, y quisiera estar allá entre el olor de melaza y caña, porque este libro, nacido como un canto al amor, tiene una “nostalgia que me atondera”, parafraseando al poeta chiclayano Juan José Lora Olivares, aquel de “Con sabor a mamey”.

Arroz con leche para primavera se abre con un homenaje a los ancestros y a los ausentes -y es otra razón para ponerme a pensar en los abuelos que con su machete en mano madrugaban para el corte de caña-, como una forma en que el poeta Paul Rodríguez rinde justo y amoroso tributo a los autores del poema vital, a los dadores de vida, a imitación de la obra creadora de Dios: “A mi padre, poeta y cantor de la vida, y a su musa, María, mi adorada madre”. Desde ya, la línea paterna es la influencia decisiva, en lo existencial y en lo literario, porque no hay literatura sin vida, y viceversa.

El título evoca sabores intensos, postres de abuela, olor a canela y clavo de alor, tardes contemplando a la madre en su delicada labor. Dulcísimos recuerdos.

Pero, en contraste con el sabor intenso de los postres recién salidos del fogón, hay un homenaje a los ausentes. Y es tal vez la secuencia más triste del libro, porque el autor no brinda mayores referencias biográficas, pero el solo nombrarlas es como un puñal clavado en el paisaje: “En memoria de Luz Clarita, Carmen y Vivian, ángeles del cielo y maestras de mi vida”.

Arroz con leche para primavera es un libro sui generis en la literatura actual, no solo de Chiclayo sino del Perú: es fresco, luminoso, etéreo, entusiasta, directo, . El poeta. no quiere hacer experimentos gramaticales de vanguardia y posmodernidad. No quiere parecer difícil, aunque sus metáforas insólitas parezcan impromptus líricos, o nos sorprenda con paradojas en clave de humor.

Una clave para adentrarnos en el poemario es el epígrafe inicial del escritor existencialista francés Jean Paul Sartre: “Para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo”.

En el prólogo, titulado “Unas pocas palabras para muchos universos”, el poeta César Boyd afirma acertadamente: “En la verdadera poesía, cada decir es un hacer, pues conjuga la palabra con las peripecias de la existencia, que día a día va atrapando renovadas cavilaciones. Paúl Rodríguez es un poeta que busca por todos los medios, sentidos o lecturas, sus más personales temas para poetizar. En el libro se entremezclan los cultismos más sofisticados y las frases acaloradamente más románticas de un soñador. Se redactan las contradicciones más sutiles como creer en el Dios Todopoderoso, siguiendo el ritmo de la oración católica del Credo, y creer en la canción Imagine de Lennon (…)

El constante estudio de la historia y la filosofía, ha influenciado en el autor para construir su contexto poético, ligado a la cotidianidad más próxima, como la familia o la cocina, pero llevado a lo trascendente: “yo también me he preguntado mil veces por el tiempo/ y me he levantado para volver a recordar”. El poeta entiende con nostalgia, con recuerdos, con creencias; desde ahí parte su valor y su ensoñación.”

La aventura poética de Paul Rodríguez empieza por reconocer que la vida es un viaje hacia lo inesperado, que cada día morimos un poco y renacemos con el sol. Su poesía está hecha de experiencia, de alegría y dolor, de risa y llanto, de sorpresa y melancolía, diferentes formas de encarar el destino humano.

En efecto, como educador y docente de filosofía, Paul tiene una cultura libresca, y como activista de Amnistía Internacional, tiene una sensibilidad a flor de piel: “En este libro no quiero ocultar nada; ni extenuaciones, ni desa­mores, ni artificios. Solo expresarlas como estoy acostumbrado. Quiero además, manifestar, que el niño que imaginaba ser grande mientras soñaba con las nubes, es el mismo que ahora ha escrito esto. Hay que hacer, sin embargo, una salvedad, también lo escri­bió ese muchacho que a inicios de siglo prefería las bancas en el parque, los horizontes frente al mar y los picos más altos…”, señala en la presentación.

Arroz con leche para primavera también puede leerse como un libro de amor y desamor, como el “Hello, good bye” de The Beatles.

Cada amor es un misterio, como el mismo lo dice: “Me he preguntado por el amor y he pensado que aunque el amor sea un grave peligro, lo más peligroso del ser humano es no amar; quizá por eso no he ganado ningún premio o galardón, excepto el primero, que fue un recital de poesía cuando tenía cuatro años. Cuando cambia el equinoccio, hay muchos que sincronizan la esperanza y la pasión para ofrecerse con optimismo al mundo, o sea se disponen a compartir algo de su ser. ¿Determinismo, libre albedrío, falsacionismo? Quién sabe, pero mientras crean algu­nos que somos pasajeros del caprichoso viaje de una realidad parcialmente incognoscible, o fieles caminantes, buscadores, de una suplencia por la que se pueda morir; yo ofrezco, con mucha sencillez Arroz con leche para primavera, es decir, mis impetuo­sos pero no tan aventurados momentos en la vida, el amor y la filosofía.”

CONTINUIDAD LITERARIA

En la tradición literaria chiclayana, a inicios del siglo pasado José Eufemio Lora y Lora (JELYL) bucea en la tragedia humana, de lo aciago e irremediable, implorando en su poema “Piedad” a los pies de Dios, conmiseración incluso para “la pena que hizo vibrar el hierro del asesino”, piedad: como la flor helada antes del broche, / como el amor extinto antes del beso, / como el canario muerto antes del trino…”  Años más tarde, a mitad del siglo XX, Juan José Lora es el poeta esencial de la chiclayanidad, con notas delicadas y perfumes añejos, recalando en la vieja “Esquina Siete de Enero y San José”, y paseando la soledad del “triste caminando alegre por un pueblo sin calles, casa entera…”.

Ya el caso del poeta Juan Ramírez Ruiz, fundador de Hora Zero, es tema de cátedra y análisis con su empeño en escribir el “poema integral” y en extraer belleza de la realidad, incluso fundado nuevos conceptos escriturales en “Las armas molidas”. Lo menciono, porque en la tradición literaria chiclayana, hay obras y escritores que son referentes de literatura pura, de poesía de alta factura, que indudablemente han legado a las nuevas generaciones, como ese el caso de Paul Rodríguez.

Me atrevo a decir que Arroz con leche para primavera instaura una manera directa y clara de encarar la experiencia poética, acorde con los tiempos actuales marcados por el Internet, la tecnología inteligente, la hipervelocidad de las comunicaciones y el auge de las redes sociales. El imperio de la realidad virtual también llega al reino de la poesía, y los poetas nos hablan en un ritmo vertiginoso.

Arroz con leche para primavera está dividido en tres secciones. En la primera parte están los poemas: “Creo para entender”, “Corazón”, “Me dices”, “Algodón”, “Sólo bésame”, “Champagne”, “En medio de las nubes”, “Profeta”, “He aprendido”, “Hay una cereza allá en el cielo”, “Ven, vuelve pronto” y “Primavera a la mitad”.

En la segunda parte figuran los poemas: “Ella”, “Tres”, “¿Qué somos?”, “Mis dones”, “Tiempo cero”, “Amor en efecto mariposa”, “Una chispa”, “Rosa, azúcar y vendaval”, “Cristales”, “Rézale a mi recuerdo”, “Polvo de palabras” y “Al final”.

En la tercer parte: “¿Ahora quién nos piensa?”, “Alma de hule”, “Mujer mandarina”, “Vuela alto, muy alto”, “La otra”, “Café en el un ´desayuno con diamantes´”, “Mermelada”, “Yo también te miento”, “Horizonte”, “Te elegiría”, “Nada juraremos” y “Vi-sa para la eternidad”.

El leitmotiv principal del libro es el amor, considerada la fuerza más grande que mueve el universo. Y las otras caras del amor: la pasión, el deseo, el desamor, los viajes, las despedidas, las interrogantes y las dudas.

Y como la naturaleza tiene un creador. Dios, el poeta lo consagra desde el inicio en “Creo para entender”, que es mucho más que un credo literario:

Creo en Dios y en esta vida llena de escaleras,
de juegos, de santos, de playa, de cosas buenas.
Creo en las pastillas, en el más allá;
en el ida y vuelta, en el reencuentro
a las doce campanadas
bajo la iglesia, en el Liceo,
junto al Olimpo, en medio del sol,
detrás del viento, entre girasoles
vivos y radiantes…

El poema “He aprendido” es la resultante de la experiencia, vista desde todos los ángulos, desde la ciencia hasta la música y, por supuesto, el amor, que opera como una quintaesencia de la realidad:

He aprendido que la desventura
tiene la textura húmeda de un muelle,
las espigas doradas no existen
y que cada átomo de tus suspiros
tiene el fin de todo lo inexplicable
cuando todo, todo el camino tiembla
antes de que volver a besarte
se convierta en la dulce terapia
para poder pensar en la nada.

Más adelante, se vuelca al lado más íntimo y coloquial en “Me dices”, donde las declaraciones mutuas de amor y deseo no acaban nunca:

Me dices que me quieres
y todo termina en las estrellas
sin regreso,
sin explicaciones ni fotografías.

En cambio, el poema “Algodón” es un muestrario de ternura:

Dame tu mano de algodón
y démosle vueltas a la casita de cartón

Demostrando que la brevedad es una virtud, el poema “Corazón” recurre a la paradoja y al aparente lugar común de los enamorados:

Corazón, no te amo
porque estas presente.

En “Champagne”, el vate se adentra en territorios de sofisticación y delicadeza para cantar a la amada:

Champagne en rosas, te amo y te engrío
llega la noche y la desenredas en segundos escarlata

En “Hay una cereza allá en el cielo”, notamos un ejercicio onírico, casi surrealista, pero anclado siempre en los terrenos del amor y la filosofía, incluso en la ética, porque el ser humano a pesar de sus imperfecciones puede dar amor:

No hay nada más sucio que mi corazón, lo sabes
ni más desprendido ni más fiel…

“Ven, vuelve pronto”, es una súplica, un reclamo lírico:

Vuelve y quédate
vuelve por donde viniste
y quédate en donde quieras…

“Primavera a la mitad”, a mi modesto entender, es uno de los poemas más intensos y logrados del libro. El autor se sacude de su deseo de extenderse demasiado en un asunto que, mientras más breve, más esencial.

Abre con un epígrafe del vate inglés J. Keats: “¡Dichosas, ah, dichosas ramas / de hojas perennes que no despedirán / jamás la primavera!”, para hablarnos de la fugacidad de la existencia, que es uno de los temas recurrentes de la poesía universal de todos los tiempos:

Un día de estos, en un fresco alba en primavera
me despertarás con el corazón tibio de recuerdos
te asomarás a la ventana para sentir el sol,
me buscarás en el cielo y me encontrarás
con un suspiro.

Entonces muy lejos de tu ventana,
mi corazón proveerá un brinco inexplicable;
despertaré asustado.
Me imaginarás sonriendo y llorarás.

Yo pensaré en la nada.
Estaré perdido, sin tiempo, con el libro cerrado.
Todo habrá llegado a su fin,
sin última página, sin despedida.

La segunda parte del libro empieza con un epígrafe del gran poeta portugués Fernando Pessoa: “Todas las cartas de amor son ridículas. / No serían cartas de amor si no fuesen ridículas”

Abre esta sección el poema “Ella”, que en su final es contundente:

Sí, fue ella,
la noche fue ella.

Y es precisamente la búsqueda filosófica lo que alimenta el camino del poeta, pero siempre con el factor sorpresa del azar y la casualidad, en: “¿Qué somos?”

Somos una suerte de tiempo y de venganza,
de espíritu tras el infinito pero de venganza,
todo sucede por casualidad y nada entendemos,
confundimos las nubes con un dulce de algodón
y la estupidez con el amor.

En “Mis dones”, el poeta se lanza como un demiurgo, como un mago o chamán, capaz de concentrar todos los poderes del cielo y la tierra:

Tengo el don de hacerte desaparecer,
de hacerte esperar junto a la escalera.
de bailar perfectamente con tu alegría…

Paul Rodríguez: “Arroz con leche para primavera es una recopilación de algunos suspiros de amor ordenados en palabras, surgidos cada vez que me esperanzaba, y que quiero compartir con aquellos que aman, sueñan, viven, pierden, ganan, vuelven a perder y aun así sin más
se enamoran”.

El poeta sigue reflexionando en “Tiempo cero”, acerca del tiempo y del universo, pero es un pensar cotidiano mientras cuenta los segundos para que la amada arribe al puerto donde la está esperando. El amante está en una encrucijada de espacio-tiempo:

Entonces, como antes, como tú lo pensaste,
equivocarse tantas veces no importará tanto,
el norte no estará al norte, ni el oeste al oeste

“Amor en efecto mariposa” propone un símil misterioso, porque la mujer está revoloteando en el paisaje, delicada y alada:

Mariposa, cada viernes junto a las margaritas
yo aprendo a decir te amo si me miras
y luego, a soñar mordiendo el infinito…

Más adelante, en el poema “Una chispa” intenta encontrar el élan del universo en el beso de la mujer amada:

La trama exquisita de todos tus abrazos de jueves,
forjándose para calentar cada rinconcito del alma…

“Rosa, azúcar y vendaval” es una elegía intensa. Sabido es que la rosa es un símbolo de la belleza de la mujer, con todos sus pétalos aromáticos y espinas…

Tú seguiste siendo tan rosa y ellos vendaval…

“Cristales”, con el epígrafe de Gustavo Cerati (“Cuerpos de luz corriendo en pleno cielo / cristales de amor amarillo”), persigue el enigma de la belleza:

Extraña belleza suave y alborotada…

En “Rézale a mi recuerdo” hay una nostalgia del adiós

El tiempo volará con la oscuridad del viento.
Me habré cansado mucho,
querré miras las estrellas…

Quizás uno de los poemas más filosóficos es “Polvo de palabras”

Me preguntas si existe la nada
y como si me alejara te hago recordar
que aún tengo cigarrillos encantados
y nuevo final con luz de eternidad.

Paul Rodriguez y su libro (foto: Diario La República)

La tercera parte, inicia con un epígrafe del cantautor argentino Fito Páez: “Todo lo que diga está de más / las luces siempre encienden el alma”. Es una sección de cavilaciones y poemas reflexivos:

En “¿Ahora quién nos piensa”, hay una voluntad de encontrar una identidad en medio de la caótica urbe o la inmensidad del mundo:

Y quien piensa en el parque piensa en los dos,
tal vez más en mí que en ti, pero nos piensan
y nos confunden,
nos persiguen, nos llaman, nos detienen,
nos preguntan y no somos nosotros.

“Alma de hule” es un canto a la fragilidad de los días:

Nosotros despertamos
en las pinturas de Goya
pero tú, princesa de uva,
emoción de primavera,
lo hiciste en la última jornada de espinas.

“Mujer mandarina”, es para saborear texturas, oler fragancias intensas de campo y flores:

Y lejos, atrapados en la nada en un huerto de corazones…

El poema “Vuela alto, muy alto” es una invitación al viaje, a venir, irse o quedarse. Pero la musa siempre está en un plano casi inalcazable:

No te busco, vienes, vuelas muy alto
y no te alcanzo.

En “Yo también te miento” aborda el difícil campo de las relaciones humanas, donde muchas veces la mentira es el argumento inexplicable:

Mujer desde mi boca a tu boca, tu beso en mi beso
y desde mi deseo a tu boca, mi engaño, tu mentira.

“Horizonte”, con aires de sol, verano o playa, es un estado de contemplación de la belleza de la mujer:

Hay algo en esos horizontes anaranjados
que nadie puede ver…

“Te elegiría”, es el poema de la exaltación del amor eterno, de las promesas jamás hechas:

Te elegiría, te elegiría mil veces después del olvido…

De todos los poemas, el texto de cierre ya no revela ironías ni humor soterrado. “Vi-sa para la eternidad” es una elegía dedicada “A Angie, in memoriam, dos años después”. Cuando el amor y la vida terminan, nos quedan el asombro y la melancolía, ese no saber qué hacer ni qué decir ante la muerte, que de tan triste no da ganas ni de mencionarla. La poesía de todos los tiempos aborda este tópico, desde Jorge Manrique en “Coplas a la muerte de su padre”, hasta César Vallejo en “A mi hermano Miguel”.

Pero el poeta aquí, en vez de entristecerse, establece un dialogo fecundo. Intenta apelar, llamar, mover el alma de la mujer ausente, como si estuviese aquí presente:

¡Ey, mujer!
Ahora que ya no estás,
quiero decir exactamente lo que alguna vez dijiste:
– Estoy muriendo, anoche fui a mi fiesta de gala y no puedo continuar…

Paul Rodríguez ha dado un paso decisivo en su vita al lanzar al mundo un libro valiente, honesto, directo, sin artilugios superficiales. Él ha querido entregar su vida misma.

Banne de la presentación del libro en septiembre del año pasado. El autor alista una segunda edición del libro.

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Willy Gómez Migliaro: “Soy un sobreviviente”

Willly Gómez Migliaro, considerado uno de los poetas más importantes del Perú y de Latinoamérica.

Lírico puro (Hipocampo, 2017) es el nuevo libro del poeta peruano Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968), y que fue presentado el viernes 21 de julio en la AntiFil

Después de una primera lectura de Lírico puro, nos queda esta sensación: el poeta vuela como un ángel reciclador: lleva un triciclo de objetos-palabra, de universos-paisajes. A su manera, pretende ordenar el caos, caminar entre las esquirlas de un país que sigue estallando, pero tiene que bucear entre los escombros, debe cranear con cabeza fría, necesita decir lo que ve, como una cámara de video en movimiento. Documentar la realidad exterior y la procesión que va por dentro. Está sacando bien, sacando todo…

Sirve de algo movernos
aunque se abren más portones de almacén
sueldan chapas levantan rejas reducen autos
adentro todo es inclasificable afuera
los mismo redondos filos de tarros de leche

Detrás del artista está el drama. “Soy un sobreviviente”, nos dice mirándose a sí mismo. Dispara a boca de jarro: “Tuve un infancia muy difícil. Mi padre era obrero gráfico. Era una gran persona, igual que mi madre. Son mis dos grandes influencias, ¿entiendes? Pasamos pobreza, hambre, necesidades, esas cosas que te quedan muy marcadas. Siento que ese sufrimiento ya pasó… pero me queda el dolor”, expresa.

La radio canta heridas reproduce sangre

Los últimos meses, nos cuenta que ha estado viajando mucho: España, Italia, Ecuador, donde su libro Construcción civil obtuvo un premio importante. “Gracias a la poesía y mis libros, he podido viajar. Pero te confieso que todo eso me estaba mareando demasiado, me estaba haciendo perder el centro. He tenido que hacer un alto a todo ello, buscar silencio, regresar a mí mismo”.

Durante la presentación del libro, el crítico César Pineda Quilca, afirmó que el autor sintoniza con el caos actual del país. Sí, es una poesía que confronta, que desenmascara, que revela el el lado oscuro del mal llamado milagro peruano, donde por ejemplo la informalidad, la explotación laboral, la industria de la falsificación y el crimen organizado a veces visten de saco y corbata, donde incluso la alienación se desborda y la violencia social impera en todas sus formas.

Pineda señala que la poesía de Gómez incluso llega a estar tan vinculada con la realidad, con su ácida denuncia de la explotación laboral, tal como se ha visto en  hechos recientes como el incendio en un almacén de Las Malvinas, donde fallecieron dos jóvenes que trabajan encerrados con candado: “aunque se abren más portones de almacén / sueldan chapas levantan rejas reducen autos / adentro todo es inclasificable”

Estuvo además el editor de Hipocampo, Teófilo Gutiérrez, muy contento por el “regreso” del poeta a la casa editorial. “Nos conocemos hace muchos años con Willy”, afirma.  En la mesa de presentación estuvo también Franco Osorio-Antúnez de Mayolo Paredes.

Con mucha razón, el crítico Javier Agreda ha dicho: “La suya es una poesía reflexiva y hermética, trabajada con mucho rigor, creatividad y lucidez. Todas esas cualidades le han ganado reconocimientos como el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival La Lira, otorgado a su poemario Construcción civil (2013), ´el mejor libro de poesía en lengua española publicado durante el bienio anterior´, según el veredicto del jurado (…) Se trata, sin duda, de uno de los más interesantes y valiosos proyectos poéticos de la literatura peruana actual.”

Romper orillas con picos hacer surcos y jalar
la maquinaria pesada parece juntar piedras…

En los versos de Lírico puro aparece, bien caleta, todo este caudal de recuerdos y sensaciones fijadas y reveladas como en un daguerrotipo: Los motores de combustión interna drenan agua fría…

¿Poeta de la posmodernidad? Ya se le vocea como la voz… En Lírico puro el poeta se va de avance, forjando su obra a machete limpio, reinventando, hablando. Como ya todos conocen,  Willy Gómez Migliaro es autor de los libros de poesía Etérea (Hipocampo Editores, 2002), Nada como los campos (Hipocampo Editores, 2003), La breve eternidad de Raymundo Nóvak (Hipocampo Editores, 2005), Moridor (Pakarina Ediciones, 2010); Construcción civil (Paracaídas Editores, 2013); Nuevas Batallas (Arteidea Editores, 2014). Ha sido el compilador del libro OPEMPE, relatos orales asháninka y nomatsiguenga (2009) y Cholos, 13 poetas peruanos nacidos entre el 70 y el 90 (Catafixia, 2014). Además publicó Poemas, 1993-2003 (Celacanto, 2015)

fluyen las aguas y sobre ellas latas
llevan imágenes borrosas
de proceso de ejecución brillando bajo el sol
contenido que alguna vez fue necesidad
como un tiempo el principio recoge
el final se levanta y rueda desde la inmovilidad
motivos entre desarmes y diseños
de imagen objetora circular
a través de ella sigues a un animal herido
viste huella de sangre pero no el arma
sino destreza al forzar la ambición
o mito circular de boca en boca
arrasaba aire contaminado
sirve de algo movernos
aunque se abren más portones de almacén
sueldan chapas levantan rejas reducen autos
adentro todo es inclasificable afuera
los mismos redondos filos de tarros de leche

POEMA DEL ADIÓS

Manuscrito original de: "Cuando te vayas", de Nivardo Córdova Salinas, del libro #Bipolar.

Manuscrito original de: “Cuando te vayas”, de Nivardo Córdova Salinas, del libro #Bipolar.

Cuando te vayas
no olvides llevar
tu tristeza a cuestas,
y algo de soledad
en tus bolsillos.

Para cuando regreses del sueño
encontrarás a la alegría al filo de tu cama
debajo de tus ojos
y encima de tus desgracias.

No olvides callar al partir.

Y si el llanto te viene a buscar
deja que tus ojos se cierren
hasta que el silencio grite en silencio
de tanto llorar…

(Nivardo Vasni Córdova Salinas, Lima, diciembre de 2016
En: #Bipolar)

POEMA VISCERAL

Subo y bajo del mismo ómnibus sin pagar
Me bajé en el paradero equivocado
Tengo la vaga idea de asesinarme
(pero siempre me desanimo porque no encuentro una forma de morir con decencia).
En realidad quiero quedarme todavía
porque mi hija podría ponerse triste con mi ausencia
y eso me duele más que el olvido.
La mujer que decía que me amaba me abandonó y desapareció como por arte de magia
Ayer llamó por teléfono para preguntarme si yo seguía fumando
Tuve que mentirle y luego colgar hasta volverme invisible…
Ahora suena algo mi estómago
Tengo que vender mi viejo libro de poemas de Rimbaud a un sol para tomar un café
Luego remato otro libro (pirateado) a un sol más para entrar a una cabina podrida de Internet
donde escribo este poema…