Willy Gómez Migliaro: “Soy un sobreviviente”

Willly Gómez Migliaro, considerado uno de los poetas más importantes del Perú y de Latinoamérica.

Lírico puro (Hipocampo, 2017) es el nuevo libro del poeta peruano Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968), y que fue presentado el viernes 21 de julio en la AntiFil

Después de una primera lectura de Lírico puro, nos queda esta sensación: el poeta vuela como un ángel reciclador: lleva un triciclo de objetos-palabra, de universos-paisajes. A su manera, pretende ordenar el caos, caminar entre las esquirlas de un país que sigue estallando, pero tiene que bucear entre los escombros, debe cranear con cabeza fría, necesita decir lo que ve, como una cámara de video en movimiento. Documentar la realidad exterior y la procesión que va por dentro. Está sacando bien, sacando todo…

Sirve de algo movernos
aunque se abren más portones de almacén
sueldan chapas levantan rejas reducen autos
adentro todo es inclasificable afuera
los mismo redondos filos de tarros de leche

Detrás del artista está el drama. “Soy un sobreviviente”, nos dice mirándose a sí mismo. Dispara a boca de jarro: “Tuve un infancia muy difícil. Mi padre era obrero gráfico. Era una gran persona, igual que mi madre. Son mis dos grandes influencias, ¿entiendes? Pasamos pobreza, hambre, necesidades, esas cosas que te quedan muy marcadas. Siento que ese sufrimiento ya pasó… pero me queda el dolor”, expresa.

La radio canta heridas reproduce sangre

Los últimos meses, nos cuenta que ha estado viajando mucho: España, Italia, Ecuador, donde su libro Construcción civil obtuvo un premio importante. “Gracias a la poesía y mis libros, he podido viajar. Pero te confieso que todo eso me estaba mareando demasiado, me estaba haciendo perder el centro. He tenido que hacer un alto a todo ello, buscar silencio, regresar a mí mismo”.

Durante la presentación del libro, el crítico César Pineda Quilca, afirmó que el autor sintoniza con el caos actual del país. Sí, es una poesía que confronta, que desenmascara, que revela el el lado oscuro del mal llamado milagro peruano, donde por ejemplo la informalidad, la explotación laboral, la industria de la falsificación y el crimen organizado a veces visten de saco y corbata, donde incluso la alienación se desborda y la violencia social impera en todas sus formas.

Pineda señala que la poesía de Gómez incluso llega a estar tan vinculada con la realidad, con su ácida denuncia de la explotación laboral, tal como se ha visto en  hechos recientes como el incendio en un almacén de Las Malvinas, donde fallecieron dos jóvenes que trabajan encerrados con candado: “aunque se abren más portones de almacén / sueldan chapas levantan rejas reducen autos / adentro todo es inclasificable”

Estuvo además el editor de Hipocampo, Teófilo Gutiérrez, muy contento por el “regreso” del poeta a la casa editorial. “Nos conocemos hace muchos años con Willy”, afirma.  En la mesa de presentación estuvo también Franco Osorio-Antúnez de Mayolo Paredes.

Con mucha razón, el crítico Javier Agreda ha dicho: “La suya es una poesía reflexiva y hermética, trabajada con mucho rigor, creatividad y lucidez. Todas esas cualidades le han ganado reconocimientos como el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival La Lira, otorgado a su poemario Construcción civil (2013), ´el mejor libro de poesía en lengua española publicado durante el bienio anterior´, según el veredicto del jurado (…) Se trata, sin duda, de uno de los más interesantes y valiosos proyectos poéticos de la literatura peruana actual.”

Romper orillas con picos hacer surcos y jalar
la maquinaria pesada parece juntar piedras…

En los versos de Lírico puro aparece, bien caleta, todo este caudal de recuerdos y sensaciones fijadas y reveladas como en un daguerrotipo: Los motores de combustión interna drenan agua fría…

¿Poeta de la posmodernidad? Ya se le vocea como la voz… En Lírico puro el poeta se va de avance, forjando su obra a machete limpio, reinventando, hablando. Como ya todos conocen,  Willy Gómez Migliaro es autor de los libros de poesía Etérea (Hipocampo Editores, 2002), Nada como los campos (Hipocampo Editores, 2003), La breve eternidad de Raymundo Nóvak (Hipocampo Editores, 2005), Moridor (Pakarina Ediciones, 2010); Construcción civil (Paracaídas Editores, 2013); Nuevas Batallas (Arteidea Editores, 2014). Ha sido el compilador del libro OPEMPE, relatos orales asháninka y nomatsiguenga (2009) y Cholos, 13 poetas peruanos nacidos entre el 70 y el 90 (Catafixia, 2014). Además publicó Poemas, 1993-2003 (Celacanto, 2015)

fluyen las aguas y sobre ellas latas
llevan imágenes borrosas
de proceso de ejecución brillando bajo el sol
contenido que alguna vez fue necesidad
como un tiempo el principio recoge
el final se levanta y rueda desde la inmovilidad
motivos entre desarmes y diseños
de imagen objetora circular
a través de ella sigues a un animal herido
viste huella de sangre pero no el arma
sino destreza al forzar la ambición
o mito circular de boca en boca
arrasaba aire contaminado
sirve de algo movernos
aunque se abren más portones de almacén
sueldan chapas levantan rejas reducen autos
adentro todo es inclasificable afuera
los mismos redondos filos de tarros de leche

“Bizarro”: el valiente poemario de un nostálgico y cuestionador poeta

Por Nivardo Córdova Salinas (*)

Bajo el sugerente título de Bizarro (2015) el periodista y escritor Renato Rodríguez García acaba de dar a la estampa su primer libro de poemas, en una edición realizada íntegramente por él, como un artesano.

bizarrBizarro, es un libro cuya mayor virtud es la simplicidad (no facilismo)  de la lectura; sin embargo, no por ello abandona el espíritu filosófico de la búsqueda de la esencia del alma del ser humano.

La portada es un óleo pintado por la joven artista Dionne Rodríguez Talledo, que ha tomado los colores de un atardecer huanchaquero, con trazos fuertes y firmes para servir como puerta de entrada a un autor que explora con sarcasmo los conceptos de tiempo, destino, inmortalidad, amor, soledad.

Irremediablemente, el poeta recorre la casa familiar, los rincones secretos de la infancia, la calle y los parques de Santa Edelmira, donde vivió su adolescencia, indagando como un buscador de tesoros. El poema “Margarita” es revelador: “Está inundada la casa / de fotografías / de margaritas / de libros / de vientos que se esconden en las esquinas / de silencios que trepan por las paredes / hasta sentarse en la enredadera sutil / de un alambique que destila / el elixir de los seres atrapados en el tiempo…”

Aunque nació en Cusco en el año de 1970, Renato creció en Trujillo y por eso se siente “trujillano de mente y corazón”, debido a que en esta ciudad creció, y  realizó su educación intelectual y sentimental. Un dato importante es que terminó la secundaria en 1986 en el Colegio Claretiano de Trujillo, como parte de la Promoción Hermano Juan Diego Píriz Macías.

El poeta descalzo.

El poeta descalzo.

Pero algo lo liga al “ombligo del mundo” y, como él mismo señala, el libro está “construido desde mis entrañas, acompañado de la fuerza y energía arrolladora que emana de aquella ciudad milenaria, cosmopolita y universal; tan universal como el lenguaje de la poesía”.

Parafraseando a Bertold Brecht: “Hay poetas que escriben un poema, y son buenos. Otros escriben un libro, y son mejores. Pero hay quienes escriben toda la vida sin pedir nada a cambio: estos son los imprescindibles”. En ese sentido, podemos asegurar que Renato Rodríguez no es un poeta improvisado ni un novísimo lector.

Renato es además melómano, observador oculto, cinéfilo, amante de la naturaleza, artista que se autodefine como “obsesionado con el instinto de los animales y con la caballerosidad de las bestias, respetuoso, ciertamente galante”. ¿Algo más? Internauta, marinero en tierra y filósofo urbano, que viene realizando una obra literaria silenciosa (pero no silente), sin malabarismos ni efectismos, sin mucha finta pero con pasión y hondura. Con melancolía y alegría. Con honestidad, “claro y sencillo”, como soñaba Eguren.

Con esa profundidad, nos sorprende en los versos de “Destino: “De pronto vino y se quedó junto a mí / como una mascota fiel / acurrucada / con la lluvia que se tornaba más cálida. / Un trago de cerveza y esa guitarra lejana de Dire Straits / mecían la tarde con la cadencia de la eternidad / al ocultarse el sol me decía buenas noches /  y se tapaba la cara con mis lágrimas…”

Durante los años de su trabajo literario y hasta la aparición de Bizarro, Renato ha sido reacio a querer ocupar primeros lugares en concursos amañados, ha sido renuente a publicar sus poemas en libros o a estampar su firma en letras de molde. Él se ha dedicado con ahínco a construir su propio edificio de palabras. Amigo incuestionable de la lectura y la conversación, está convencido de que “el silencio no es tiempo perdido” –como dice el poeta Gustavo Cerati-, pero la tecnología lo cautiva y es a través de su blog en Internet, especie de bitácora virtual que surca los mares invisibles, donde publica desde hace más de un lustro sus escritos en el más absoluto anonimato (pues firma con el seudónimo de Perro Callejero), en el blog http://prepago-dog.blogspot.com/ .

En el proceso de la escritura, ha ido decantando su estilo, como aquellas tardes jugando pelota con su hermano y los amigos del barrio en la canchita que limita con la avenida Huamán. Algo de esto se vislumbra en el poema “Fútbol”: “te acercabas a la vera de la cama / y me abrazabas con el corazón descocido / no te preocupes, me decías / mientras acariciabas mi pesadumbre / hasta que cerraba mis ojos lentamente / luego / raudamente / te subías a tu camarote donde jugabas fútbol con la vida…”

En esta primera etapa, explora la construcción de poemas cortos, de cinco a diez versos en los que nos ofrece imágenes de forjada belleza: “Ermitaño del tiempo / cobijo mi escultura / cual tesoro de baratijas atesoradas / por el dorado atardecer / de un árbol que no tiene sombra”. Confiesa que una de sus grandes influencias es el poeta peruano Luis Hernández, autor de “Vox Horrísona”

El libro se va desarrollando posteriormente como una ópera italiana, su musicalidad se torna más densa, filosófica, hasta llegar a los poemas finales donde Renato va jugando con el destino, con su futuro, y se pregunta si es que unos dados lúdicos son los dioses que determinan el curso de una vida o es el ser humano quien construye su destino.

Señora María Felízcar García García –"Maruja", para sus amigos y parientes–, excelentísima dama trujillana, con alma de poeta y artista, madre del poeta Renato Rodríguez.

Señora María Felízcar García García –”Maruja”, para sus amigos y parientes–, excelentísima dama trujillana, con alma de poeta y artista, madre del poeta Renato Rodríguez.

La presencia de la familia, especialmente de su madre, la señora María Felízcar García García, “Mamá Maruja”, es una constante en la poética renatiana. “El libro en sus inicios está poseído por los recuerdos de su infancia, de mi  hogar, de mis seres queridos, a los que regreso una y otra vez como ola varada en la inercia de la vida”, expresa el autor. De esta laya es el poema “Dicen que…”: “Crujió el silencio como huesos carcomidos / Era la casa de la esquina diamantada / Donde en épocas pasadas vivió una palmera / y un pechirrojo silbaba en horas inadecuadas…”

“Mi madre nació en Trujillo, un 22 de Junio de algún año y falleció el día de todos los santos. Escogió un día especial para irse, el 1 de Noviembre de 1999; no cruzó el siglo nuevo, quizás no hubiera soportado cómo se transformó la ciudad”, recuerda el poeta y la señala como su primera y gran influencia lírica y existencial. Por algo, le dedicó estos versos entrañables: “Tu arte, mamá, simple e incomprensible / que se llevó el último resquicio de bondad de mi ser / me clavaste esa mirada bondadosa casi piadosa / y me susurraste sabía mujer  /….”para que conozcas quien fue tu madre”…/ ahora sonrío orgulloso que valió la pena vivir para presenciar / lo que tú eres: / la mujer increíble y maravillosa que me despertó una madrugada / preguntándome si tenía un cigarrito y una coca-cola…

La composición del libro va acompañada de unos dibujos de Dionne Rodríguez Talledo, hechos a lápiz, con el leitmotiv recurrente de mujeres con ojos grandes e inquisidores que el autor ha entrelazado entre las páginas, mimetizándolas en sus versos. Estoy seguro que Renato continuará escribiéndonos y sorprendiéndonos como a su musa quien le canta en su poema “Pasajera del Tiempo”: “Eres mi dulce amor / perseguidor de fantasmas en el atardecer”, sigue en la brega Renato, continúa persiguiendo tu atardecer añorado.

(*) Una versión resumida de este artículo fue publicada por el diario La Industria (Trujillo, Perú), lunes, 04 de enero de 2016.

Edmund Moeller: el hombre que hablaba con el mármol

Por Nivardo Córdova Salinas / Fotos tomadas del libro de Antje Kirsch: “Edmund Moeller, Auf der Suche nach einem vergessenen Dresdener Bildhauer” (Dresdener Verlagsanstalt, Dresde 2005), con traducción de la historiadora de arte Simone Padolsky.

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El pasado 8 de agosto se conmemoraron 130 años del nacimiento del notable escultor alemán Edmund Moeller, autor del Monumento a La Libertad de la Plaza de Armas de Trujillo. Aunque pocos lo recuerden, es necesaria una pausa para la reflexión sobre temas diversos como su aporte al arte contemporáneo, la conservación del patrimonio cultural y el rol del arte en la sociedad. De paso, opino que los trujillanos deberían hacer más por la conservación de un monumento emblemático que podría desaparecer si no se lo cuida adecuadamente. Aquí una reseña histórica sobra el Moeller y su obra.

Edmund Moller, en 1926 en su taller, esculpiendo una de las estatuas que integra el "Monumento a La Libertad" de Trujillo.

Edmund Moller, en 1926 en su taller, esculpiendo una de las estatuas que integra el “Monumento a La Libertad” de Trujillo.

“¿Qué hay en común entre Trujillo (Perú) y (Dresde) Alemania? La respuesta es sencilla: En ambas ciudades se encuentran las huellas del escultor alemán Edmund Moeller. En la Plaza de Armas de Trujillo se ubica el Monumento de la Libertad, el cual es su obra más destacada. Y tal vez se recuerda más a este escultor en Trujillo que en Dresde, la capital sajona a las orillas de Elba, donde inició sus estudios académicos de arte y donde posteriormente se localizó su centro de vida y producción artística durante décadas”.

Con estas palabras, Simona Paldosky, coordinadora de la Academia de Arte Kunts-Bau (Dresde), graficaba el interés existente en Europa por este artista, cuando el año 2005 se cumplieron ciento veinte años del nacimiento de Edmund Moeller, artista nacido en Baviera en 1885, y cuyo redescubrimiento en Alemania ha causado un gran impacto. En aquella oportunidad, en Trujillo se realizó una muestra de copias fotográficas de la construcción del monumento.moller_2Ha transcurrido una década, y este año 2015 se conmemora el 130° aniversario del nacimiento del artista. Lo cierto es que en Trujillo su obra es acaso el ícono más conocido de la urbe: es la imagen postal de la ciudad. Sin embargo, poco o nada se ha hecho para conservar bien este monumento.

En el año 2009, durante la gestión del ex alcalde César Acuña, se realizó una “remodelación” que no consideró los planos originales: se le añadieron piletas de agua con iluminación ad hoc, lo cual ha agravado el problema de la humedad y los hongos, y está tan mal instalada que los cables sueltos están a la vista. Para colmo de la huachafería, la empresa contratista colocó su “placa”, como si fuera la autora de esta obra.

moller_3En 2005, en la gestión de José Murgia, la Municipalidad Provincial de Trujillo, presentó de forma modesta la exposición fotográfica “Edmund Moeller: 120 años” en la sala de arte de la Caja Trujillo, donde solamente se apreciaron fotocopias ampliadas de la secuencia fotográfica del proceso escultórico y la instalación de los enormes bloques de mármol en la Plaza Mayor en 1929.

Simona Paldosky y Gisela Kohlauf, representante del Instituto Goethe en Lima, vinieron en esa oportunidad a Trujillo para agradecer el gesto de la comuna de homenajear a un artista que recién empieza a ser redescubierto en el país teutón. Sin embargo, les quedó –como a nosotros– un sinsabor en los labios, porque la ciudad podría hacer más por la conservación del monumento.

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¿CÓMO LLEGÓ MOELLER A TRUJILLO?
En agosto de 2005 se publicó en Alemania un voluminoso trabajo de la historiadora Antje Kirsch, quien ha seguido los rastros de Moeller, y además incluye un catálogo completo de sus esculturas. El libro se titula “Edmund Moeller, “Auf der Suche nach einem vergessenen Dresdener Bildhauer” (Dresdener Verlagsanstalt, Dresde, 2005).

Simona Paldosky, citando las investigaciones realizadas por Antje Kirsch, señala que tras la Primera Guerra Mundial, los efectos políticos y económicos en la Alemania de posguerra y las difíciles circunstancias de la vida de la gente fueron impresiones que Moeller plasmó en tres figuras de tamaño más que natural alrededor del año 1918. Anotó que Moeller planificó un monumento de la libertad de tres elementos: “Acción”, “Depresión” y “Liberación”.

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“Si Moeller acometió totalmente el monumento sin solicitantes no fue verificado. Él acabó las figuras con mármol travertino, pero por lo visto no encontró interesados para una realización en un sitio público, hasta que en 1923 en una revista especializada tropezó con un concurso de la ciudad peruana Trujillo para un monumento nacional en homenaje a la declaración de la independencia del Perú en 1821. Se presentó y de los 200 candidatos del concurso recibió la adjudicación”, precisó.

El monumento –que tiene una extensión de 30 metros de ancho y de 25 metros de altura– superaba las dimensiones del diseño original de Moeller. Además creó tres relieves de bronce, los cuales reproducían las batallas de Ayacucho y Junín y la declaración de la independencia delante de la municipalidad de Trujillo.

El obelisco en la mitad el monumento es coronado por la figura de un joven con una antorcha, la cual está parada sobre del globo terráqueo. Las bases de las gradas soportan las alegorías del Arte, la Ciencia, la Industria agrícola, la Agricultura y Ganadería.

Moller_6Paldosky sostiene que aproximadamente desde 1924 hasta 1927 Moeller trabajó cerca de una cantera en el Estado Libre de Turingia, donde extrajo el mármol travertino. El transporte de las figuras, las cuales fueron cortadas con un cable de acero delgado, llenaba 110 vagones de ferrocarril, que se embarcaron vía el puerto de Bremerhaven.

“El mismo Moeller condujo la construcción del Monumento en Trujillo, que fue inaugurado el 9 de diciembre de 1927. Él recibió por su trabajo la condecoración más alta: el Orden del Sol, la cátedra honoraria de la Universidad Nacional de Trujillo y la ciudadanía honoraria de Trujillo. Además del dinero de premio que fue generoso, se entregó Moeller a realizar encargos numerosos en el Perú, entre ellos bustos del presidente Agosto B. Leguía y del entonces alcalde de Lima Andrea Dasso”, dijo.

moller_7“Durante su estadía en Perú creó una multitud de figuras indígenas de bronce y madera. Estos bustos y el busto del pintor José Sabogal indican un encuentro de ambos. Así Moeller encontró también el indigenismo, lo cual representante general en el campo de la pintura era José Sabogal. Después de dos años de estadía en el Perú, durante la cual también visitó otras partes del país y Lima regresó Moeller en 1928 vía los Estados Unidos a Europa”, anota Paldosky.

En Dresde, donde Moeller hizo sus estudios académicos y se desarrolló como artista, se conservan importantes esculturas suyas, que dan testimonio del gran cariño que Moeller tuvo por el Perú, como el bronce “El niño pastor”, el “Lamento” (en porcelana), “Mujer sentada” en mármol, “Indígena peruana” en bronce; “Peruana vestida de negro” en madera, y “Cristo ascendido” para la Iglesia de San Pedro en Dortmund.

Sin duda un artista que dedicó su vida por los ideales estéticos y que de, alguna forma, cumple nuevamente ese adagio tan conocido: “Nadie es profeta en su propia tierra”.

Edmund Moller, en 1926 en su taller, esculpiendo una de las estatuas que integra el "Monumento a La Libertad" de Trujillo.

Edmund Moller, en 1926 en su taller, esculpiendo una de las estatuas que integra el “Monumento a La Libertad” de Trujillo.

EDMUND MOELLER: DATOS BIOGRÁFICOS(*)
8 de agosto de 1885 (Baviera).
Nació en Neustadt cerca de Coburg
1998-1999
Aprendizaje en la Escuela de Artes Industriales en Neustadt.
1999-1902
Aprendizaje en el taller del escultor Rutz en Dusseldorf (Renania del Norte-Westfalia).
1902-1905
Estudio en la Academia de Bellas Artes en Dresde (Sajonia), discípulo del catedrático Robert Diez.
1904
Premio de Roma por su figura “Jugador con pelota”.
1905-1913
Estadía en Roma, viajes a la Región mediterránea y al Cercano Oriente.
1912
Medalla de oro de la Gran Exposición de Arte de Berlín por su figura de una fuente “Silen”.
1913
Matrimonio con la pintora Julia Müller-Sarne en Londres.
Moller_81914
Retorno a Dresde, establecimiento de un taller.
1914
Nació su hijo Baldur, creación de de la “Fuente de Wettin” (los Wettin: familia real de Sajonia) para la ciudad Crimmitschau (Sajonia), Medalla de oro por Arte y Ciencia
1913/1914
Exposición personal en la galería de arte “Arnold” en Dresde.

1923
Ganador del concurso internacional “Monumento de la Libertad” en Trujillo (Perú).
Moller_91924-1929
Varias estadías largas en Trujillo y viajes por Perú, construcción del monumento.
1929
Nombrado al ciudadano honorario de Neustadt (cerca de Coburg), monumento a los caídas en la guerra para Neustadt (cerca de Coburg).
1931
Miembro del jurado para la “Exposición Internacional para Arte Cristiana” en Padua/Italia.
Moller_101931-1943
Bustos de Robert Koch, Rudolph Virchow, Luis Pasteur, Johan Gregor Mendel, Paul Ehrlich, Wilhelm Konrad Röntgen para el portal de honor de Museo Alemán de la Higiene en Dresde.

1933-1934
Relieve para el altar de la Iglesia protestante-luterana “Santo Tomás” en Dresde-Gruna.
1936-38
Relieve “Los Bomätscher” (son los jaladores de barcos) en la Orilla de Rey a lado del río Elba en Dresde.
1939
Premio del Arte de la ciudad Dresde.
1941
Diseño de los “Leones coronados” para el Museo Alemán de la Higiene en Dresde.
1941-1943
Trabajos en la fábrica de automóviles “Kraft durch Freude” (“Fuerza por alegría”, hoy en día la fábrica de “Volkswagen”) en Wolfsburg-Fallersleben, relieves en la entrada de la fábrica.
1943-1944

Estadía en Mühlberg/Elba (Brandenburgo).

1944
Reclutamientos a las filas.
1947
Diseño para un monumento de de los soldados caídos en Neustadt (cerca de Coburg).
19 de enero de 1958
Edmundo Moeller muere en Dresde.

(*) Datos tomados del libro de Antje Kirsch: “Edmund Moeller, Auf der Suche nach einem vergessenen Dresdener Bildhauer” (Dresdener Verlagsanstalt, Dresde 2005) Traducción: Simone Padolsky.

Desde el jardín: una casa del siglo XIX en Chosica, Perú (*)

A más de cien años de su construcción, arquitecto Jorge Orrego Vargas recupera el encanto original de casa de campo en Chosica. / Foto: Vìctor Ch. Vargas.

A más de cien años de su construcción, arquitecto Jorge Orrego Vargas recupera el encanto original de casa de campo en Chosica. / Foto: Víctor Ch. Vargas.

Diseñada por arquitectos ingleses a fines del siglo antepasado –durante la construcción del Ferrocarril Central–, cien años después esta casa solariega se luce como un ejemplo de conservación histórica en Chosica. El arquitecto Jorge Orrego Vargas, su actual propietario, señala que la intervención moderna ha respetado íntegramente la estética original del inmueble, añadiendo algunos toques personales que armonizan con el estilo de la época.

Foto: Vìctor Ch. Vargas.

Foto: Víctor Ch. Vargas.

La fachada rosada se enmarca dentro de una balaustrada, antesala perfecta para el portón antiguo que conduce a la sala principal, decorada con muebles del siglo XIX y arte virreinal.

Los techos altos en madera machihembrada tienen caída en pendiente para diluir el efecto de la lluvia. Se ha elegido el verde tenis y el rojo ocre para este ambiente. El comedor respeta el estilo romántico con muebles de madera y marquetería de metal, alfombras antiguas y columnas de estilo barroco. El mismo carácter tienen los amplios dormitorios, donde sobresale el tallado de madera de las camas y roperos con peineta, así como el fino bordado a crochet de las cortinas. Al fondo de la casa hay un jardín de ensueño, con buganvillas y jazmines que impregnan el ambiente de un aroma indescriptible.

Foto: Vìctor Ch. Vargas.

Foto: Víctor Ch. Vargas.

Junto al patio, el arquitecto Orrego ha construido un bungalow de tres niveles que se mimetiza con el diseño de la casona. Aquí destaca la decoración con rejas antiguas de metal, afiches y libros de arte. El eje de este espacio es la chimenea con la figura de la diosa Minerva. La decoración se complementa con el “Ángel de la fama”, réplica del que existe en la Plaza Mayor de Lima, que data del siglo XVII. En 1997, Orrego fue el artífice de la remodelación de este punto neurálgico del centro histórico y en su casa de Chosica quiere perpetuar esta idea: “Conservar el patrimonio histórico es guardar la memoria e identidad del país”.

Foto: Vìctor Ch. Vargas.

Foto: Víctor Ch. Vargas.

(*) Nota de Nivardo Córdova Salinas y fotos de Víctor Ch. Vargas, publicados en la versión impresa de revista Ellos y Ellas, de Caretas  Nº 2024,  24 de abril de 2008 y en edición web en: http://www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=773&idSTo=74&idA=32458#.VmjeUtJ94_5

 

Jesús Pizarro Tomé y sus recuerdos de Matazango y La Molina

Por Nivardo Córdova Salinas (*)

Jesús Pizarro Tomé: "La Fiesta de la Cruz, en el mes de mayo, es la fiesta más bonita que he visto en toda mi vida”.

Jesús Pizarro Tomé, es uno de los vecinos más antiguos de La Molina. Se crió y sigue viviendo en Matazango: “La Fiesta de la Cruz, en mayo, es la fiesta más bonita que he visto en toda mi vida”. (Foto extraída del libro: La Molina: 50 años disfrutando mi hogar, en el que participó el autor de este artículo)

La memoria de los antiguos habitantes del distrito de La Molina, da cuenta de nombres y lugares que hoy aparecen a nuestra vista con nuevos matices. El antiguo paisaje de La Molina –antes de ser distrito- estaba dominado por extensos y verdes cañaverales, florecientes sembríos de algodón y maíz, sembrados por cientos de trabajadores durante sus duras faenas en los campo surcados por vistos chalanes cabalgando sobre sus caballos de paso peruano que a la vez que el mejor caballo de silla del mundo es la herramienta más noble del trabajo agrícola.

Nombres de haciendas como Melgarejo, Granados, Mayorazgo, Monterrico Grande, y de sectores como Las Hormigas o Matazango todavía resuenan en el trazado de las actuales calles, avenidas principales y barrios del distrito, pero también en la memoria de antiguos trabajadores de estos predios.

Uno de aquellos personajes es don Jesús Pizarro Tomé, nacido en la Maternidad de Lima e hijo de padres que llegaron desde Mala y Huancayo a trabajar en la hacienda La Molina Vieja. “Mi padre, llegó el año de 1908 para trabajar como peón en la chacra y aquí nací yo, en la Maternidad de Lima. He vivido toda mi vida en La Molina”, señala.

Don Jesús, vive en Matazango, cerca de la avenida Separadora Industrial, una calle muy singular no sólo por lo angosta y serpenteante que es, sino porque es una reliquia urbana que nos queda de lo que fueron las antiguas rancherías de las haciendas, es decir el lugar donde vivieron los trabajadores de campo.

“Mi padre me enseño el trabajo agrícola. Sembrábamos caña de azúcar, algodón, maíz, y algunas pequeñas chacras con frutales. También había ganadería. La hacienda Melgarejo era ganadera; las haciendas Vásquez y Rinconada producían algodón, y Monterrico Grande caña de azúcar y chancaca. Los hacendados habían instalado una línea de tren, para transportar la cosecha en vagones hacia lo que hoy es la Av. La Molina. Eran otros tiempos”, afirma.

Uno de los recuerdos más vivos de su juventud es la Capilla de la Molina Vieja –“donde me casé”- y las procesiones de la Fiesta de la Cruz en el mes de mayo, “que es la fiesta más bonita que he visto en toda mi vida”. Cuenta que la antigua Cruz de camino –que era motivo de peregrinaciones y gran devoción estaba ubicada a la altura de San Jorge en la actual Av. La Molina.

Cruz de Camino de la antigua Hacienda Monterrico, en el actual distrito limeño de La Molina.

Cruz de Camino de la antigua Hacienda Monterrico, en el actual distrito limeño de La Molina.

Otra particularidad que recuerda es que los terrenos eran pantanosos. “Muchos animales se hundían en el barro y no había cómo sacarlos”. En cuanto a los platos típicos era infaltable el “frejol colado” popularizado por los que venían de Chincha y Cañete.
La mayoría de trabajadores venían por el sistema de “enganche” desde la sierra. Una vez instalados en la hacienda, el trabajo en el campo de cultivo era la actividad principal, para sembrar o cosechar. La “paña” de algodón (cosecha de este producto) era una de las más laboriosas.

Don Jesús recuerda que habían manantiales e incluso un arco de adobe que marcaba la entraba a la hacienda, donde se apreciaba un cartel con la hora de ingreso, a las seis de la mañana, y salida, a las seis de la tarde. El saludo característico para anunciarse en el portón era “Ave María Purísima” al que el interlocutor respondía “Sin pecado concebida”.

Sobre el manantial que menciona, hay una leyenda. “Dicen que una época no había agua y entonces un hacendado salió en su caballo a buscarla. Buscó y buscó pero nada; hasta que un día se le apareció el diablo con la promesa de que le daría toda el agua a cambio de su alma. El agua llegó y el hacendado se esfumó. En las noches se aparecía en su caballo blanco… Todos teníamos miedo de caminar solos en la noche por miedo a ver al jinete” cuenta don Jesús.

Otra de las fiestas de gran popularidad eran los carnavales, que en Matazango se celebraban a todo dar. “Venían bandas de músicos de todas las haciendas y hacían competencia. En el calor de la reunión los varones cogían ramas del árbol del membrillo y nos agarrábamos a membrillazos, pero sólo como un juego”.
En cuanto al nombre del sector actual de Matazango, señala que “sango” es palo. “Quiere decir `mata a sango´, o `mata a zangasos´, porque parece que a los esclavos negros que se escapaban de las haciendas sus amos los perseguían y los castigaban muy fuerte”, afirma.

Don Jesús Pizarro, a sus 82 años, es uno de los vecinos más antiguos. Su mensaje es de unión y fraternidad: “Anhelo que en La Molina podamos trabajar y vivir ricos y pobres de manera unida y en fraternidad, porque ante todo somos personas que debemos luchar para que nuestra comunidad sea mejor”.

(*) Este escrito de Nivardo Córdova Salinas fue incluido  en el libro La Molina: 50 años disfrutando mi hogar (Lima, 2012), con ocasión del cincuentenario de creación política de dicho distrito limeño. Las fotos han sido tomada de dicho libro.